(Bayamón, Puerto Rico) En el marco del Jubileo por los 90 años de presencia claretiana en Puerto Rico (1936–2026), el domingo 26 de abril de 2026, las comunidades parroquiales claretianas vivieron con gozo el Primer Encuentro de Ministros Extraordinarios de la Comunión, un espacio de formación, fraternidad y renovación espiritual. Bajo el lema “Un carisma que enciende, una misión que transforma”, este primer encuentro marcó el inicio de una serie de momentos celebrativos que buscan avivar la identidad misionera en la vida de la Iglesia.
La jornada estuvo profundamente enraizada en la acción de gracias por la historia recorrida. A la luz del testimonio de San Antonio María Claret, se elevó una oración jubilar que recogió el caminar de tantas comunidades, misioneros y fieles que han encarnado el Evangelio en la isla. Esta memoria agradecida no se quedó en el pasado, sino que se proyectó como impulso para seguir anunciando la Palabra con audacia y esperanza.
El encuentro también ofreció un recorrido por los momentos más significativos de la presencia claretiana en Puerto Rico: desde los primeros intentos fundacionales en el siglo XIX, la llegada de la primera comunidad en 1936, hasta la consolidación de parroquias y obras pastorales que hoy continúan dando fruto. Asimismo, se subraya el fruto vocacional del carisma, evidenciado en la vida de misioneros puertorriqueños, incluyendo al primer obispo claretiano del país, Rubén Antonio González Medina. Esta historia viva testimonia un carisma que ha sabido adaptarse a los tiempos, manteniendo siempre su esencia evangelizadora.
Hombres y mujeres llamados a vivir en íntima unión con Dios mientras sirven al pueblo.
Uno de los ejes centrales de la formación fue la profundización en la identidad del Ministro Extraordinario de la Comunión desde una espiritualidad claretiana. Se invitó a los participantes a reconocerse como “místicos en la acción”, hombres y mujeres llamados a vivir en íntima unión con Dios mientras sirven al pueblo. La Eucaristía fue presentada como fuente y culmen de la vida cristiana, desde donde brota una misión que no termina en el altar, sino que se prolonga en la vida cotidiana.
Ser cuidadores y acompañantes en una realidad marcada por la soledad y el envejecimiento
Asimismo, se destacó el llamado a ser cuidadores y acompañantes en una realidad marcada por la soledad y el envejecimiento de la población. La cercanía, la escucha, la ternura, la paciencia y la humildad fueron propuestas como actitudes fundamentales para este ministerio. No se trata solo de llevar la comunión, sino de hacer visible la presencia de Cristo en medio del dolor, la enfermedad y la fragilidad humana.
Este primer encuentro dejó en los corazones de los participantes el deseo de continuar caminando juntos como Iglesia en salida, fieles al carisma recibido. En este año jubilar, cada paso se convierte en oportunidad para reavivar la misión y fortalecer la comunión, sabiendo que el Espíritu sigue encendiendo corazones y transformando vidas en cada rincón donde la familia claretiana hace presencia.











